
El regreso de Jhon Arias al fútbol brasileño no pudo tener un guion más idílico. En apenas un puñado de minutos sobre el césped del Allianz Parque, el colombiano transformó la expectativa en certeza y las dudas de su entrenador, Abel Ferreira, en un agradecimiento público hacia la directiva. La goleada 4-0 de Palmeiras ante Capivariano, que selló el tiquete a las semifinales del Paulista, fue el escenario perfecto para que el “cafetero” demostrara por qué el club desembolsó 25 millones de euros por su talento.
Arias ingresó al encuentro con la misión de refrescar una banda que ya dominaba el trámite, pero su impacto fue inmediato. Con la electricidad que lo caracteriza, no tardó en desequilibrar el bloque defensivo rival, provocando la pena máxima que Andreas Pereira canjearía por gol. Su capacidad para interpretar el juego por fuera, su aceleración y esa técnica depurada que parece florecer naturalmente en suelo brasileño, dejaron claro que su proceso de adaptación será, posiblemente, inexistente.
Tras el pitazo final, Abel Ferreira no escatimó en halagos, reconociendo que la calidad de Arias le genera ese “dolor de cabeza” positivo que todo estratega desea al confeccionar su nómina. El técnico luso, que inicialmente se mostró cauto sobre el rol del colombiano, destacó su versatilidad para jugar tanto por los costados como por el carril central. A esta corriente de admiración se sumó la joya del equipo, Vitor Roque, quien tras firmar un doblete, sentenció que la llegada de Arias aporta el brillo de un “verdadero crack” que promete darle noches de gloria a la hinchada del Verdao.
